1. El castellano. Origen y evolucionLenguas primitivas de la Península.-Los primeros habitantes de la península Ibérica de los que se tiene noticia, pueblos de diversas procedencias, hablaron lenguas también diversas -célticas, ligures, ibéricas, etc.-; pero
el conocimiento que tenemos de ellas es muy escaso y confuso. En algunas zonas del Sur de Levante, donde los fenicios (desde el s.XI a. C.) y los griegos (desde el VII a.C.) funadaron una serie de colonias, fueron habladas las lenguas de estos pueblos.En el s.VII a.C. un nuevo pueblo fenicio, el de la ciudad de Cartago (en el Norte de
Africa), tras establecer una colonia en la isla de Ibiza, inició una larga dominación en el Sur de la Península. Esta dominación, cuando los cartagineses lucharon contra los romanos y fueron vencidos por ellos, trajo como consecuencia un acontecimiento de importancia fundamental para la futura
nación española: la presencia, en el
suelo ibérico, del pueblo, la
cultura y la
lengua de
Roma.La Península Ibérica fue romana desde finales del s. II a.C. hasta los comienzos del V a.C. Tan honda fue la huella que en esta
tierra dejó la civilización romana, que no sólo quedó casi totalmente olvidado lo anterior, sino que quedó definitivamente marcado por ella todo lo que vino después.De todas las lenguas que existían el la Península antes de la dominación romana -y que por ello llamamos prerromanas- sólo una quedó en pie y ha llegado viva hasta nuestras días: el euskera.El vascuence no ha dejado de influir algo sobre la lengua castellana. Algunos rasgos fonéticos y algunos elementos morfológicos de ésta parecen ser de origen vasco; en el vocabulario se señalan algunos vasquismos. También de las lenguas desaparecidas han quedado reliquias aisladas dentro del vocabulario
español. Algunas de las palabras que se suelen citar como vasquismos pudieran proceder realmente de esas lenguas de donde pasaran juntamente al euskera y al castellano. Donde más abundante es el recuerdo de aquellas viejas lenguas es en los nombres fósiles de la
geografía. También infinidad de comarcas y regiones han conservado a través de más de dos mil años los nombres que ya tenían cuando empezó a existir en la
historia esta Península, como los fenicios Cádiz y Málaga, y los celtas Sigüenza y Segovia.
3. El nacimiento del romance.En ninguna lengua habla igual el nacido en una región que en otra, ni un
hombre culto habla igual que un analfabeto, ni tampoco se habla igual que se escribe.Estas diferencias son más notables en unas lenguas que en otras. Y en el latín eran mayores que lo son en el español de hoy. Se llama latín vulgar la forma hablada por el pueblo de Roma y de las diversas provincias y colonias. Y es este latín, y no el usado por los escritores -latín clásico-, el que fue evolucionando poco a poco en todos esos territorios hasta llegar a las actuales lenguas románicas.Pero el latín vulgar presentaba modalidades distintas según los lugares. La fecha del comienzo de la conquista de un territorio determinaba que en su lengua tuviese rasgos más arcaicos, o más modernos. Otro factor influyente era la procedencia de una región u otra itálica que predominase en los soldados que ocupaban el país. Otro era la mayor o menor distancia, la mejor o peor
comunicación con la metrópoli. Otro era, naturalmente, la lengua nativa de los habitantes sometidos, que introducían algunos de sus hábitos de pronunciación y parte de su vocabulario en el latín que ellos hablaban.Pero al llegar el s.V, la invasión de todas las provincias romanas de Occidente por los pueblos germánicos, aisló cada provincia de las demás y fue tomando más
fuerza el latín hablado en cada una de ellas.De todos modos, en los lugares dónde más influencia habían tomado la lengua y la civilización latina, fueron éstas abarazadas por los conquistadores. Hispania fue uno de los sitios dónde ocurrió esto. El pueblo germánico que más fijamente se afincó en las Península, los visigodos, aunque no abandonó muchas de sus costumbres, se romanizó bastante, sobre todo a partir de su conversión al catolicismo.Pero esta mezcla de dos culturas tampoco se pudo realizar sin la
marca germánica en el idioma.Por otra parte también era inevitable que los hispano-romanos adquiriesen, no sólo usos nuevos, sino también voces nuevas. En realidad, ya antes de las invasiones del s.V el latín general del Imperio había tomado de los germanos algunas palabras que aun viven en las lenguas románicas. A ellas se unieron en la Península otras en la época de los visigodos. Durante la época visigoda se inició en Hispania el crecimiento del vulgarismo en el latín hablado en ella, como consecuencia de los dos factores que favorecieron en toda la Europa romana invadida por los germanos: descenso de nivel cultural y aislamiento. Pero no sólo se produce una evolución respecto al latín clásico, sino que sigue diferentes caminos según las regiones. A partir de ahora se puede hablar de la existencia de unos dialectos del latín hispánico. Es el nacimiento de las lenguas romances de la Península.Sin embargo hasta pasados varios siglos no se aclaran suficientemente los distintos dialectos. Alrededor del año 95O, dos tercios de la Península están en poder de los musulmanes. En todo Al Andalus la lengua oficial de los dominadores, el árabe, hablan su latín vulgar. Como estos hispanos que habitaban en territorio árabe se llamaban mozárabes, mozárabe es el nombre que se da tambíen a su lengua. En ella están redactados los primeros textos literarios en lengua romance: las jarchas.El mozárabe, fue desaparenciendo poco a poco a medida que sus hablantes, al avanzar la Reconquista, eran incorporados a los reinos cristianos del Norte y adoptaban su lengua, que eran otros romances.Los romances avanzaron hacia el Sur a medida que los territorios se expandían. Uno de estos romances será el que dará lugar al Castellano.El Castellano, el dialecto de un pequeño rincón de la frontera oriental del reino leonés, zona militar batida por los asltos de los musulmanes, empezó siendo un bárbaro
lenguaje que motivaba las risas de los cortesanos de León. Castilla, primero condado dependiente de los reyes leoneses, después
estado soberano, asumió la iniciativa de la Reconquista en la Meseta y acabó sometiéndose politicamente a León. El dinamismo castellano no sólo avanzó hacia el Sur musulmán, sino que desplegó su influencia sobre el Oeste y el Este cristianos.